Oportunidad
El viejo del traje negro paseaba pausado por el bulebar. Se apoyaba en el brazo de un hombre vestido de igual guisa, tan similar al viejo pero tan joven, casi un niño, que parecía su caricatura.
-Estos son los momentos que hay que aprovechar -le dijo al chico al tiempo que señalaba con su baston al hombre que, apresurado pegaba carteles en las farolas.
- ¿Por qué? -preguntó el aprendiz.
- Porque están tan desesperados, tienen tanta prisa por vender que ni siquiera pueden ir a una agencia. A estos, si les aprietas, les compras por cuatro perras -le aclaró.
El joven de negro se soltó del brazo del viejo y comenzó a caminar aprisa arrancando los carteles que aquel tipo iba pegando.
Peligro: Disney
Pedro, mi hijo, es un gran lector y ha pedido en la biblioteca de su colegio que le presten Cuento de Navidad de Dickens. Justo cuando me lo contaban anunciaban en Disney la película con el mismo nombre.
-Ah, ese libro es una adaptación de la esa peli -dijo Felipe.
-Pobre Charles Dickens, me limité a contestar.
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No hay nadie que ame el dolor mismo, que lo busque y lo quiera tener, simplemente por que es el dolor…
Siglo de las luces
Éste que se encamina a su primera decena y su predecesor podrían haber sido dos nuevo siglos de las luces; sin embargo, pese a todos los avances, se proyectan más sombras que nunca sobre la humanidad. Por primera vez en la historia la Tierra está en riesgo de ser destruida por la propia acción del hombre. A nadie se le escapa que corren malos tiempos, y no sólo en lo económico: los hijos no obedecen a los padres, a Obama le dan el nobel de la paz, a Jorge Javier Vázquez el ondas y todo el mundo escribe libros.
Oxímoron
La fuerza y la virilidad son femeninos.
Demografía morbosa
Probablemente haya sido el viaje en metro de esta mañana el que ha despertado mi curiosidad por conocer un dato: ¿La población que yace bajo tierra es mayor que la población mundial actual? ¿Cuanto?
Esa pareja de guapos que se hacen arrumacos al fondo del vagón que me cautiva la mirada no es tan especial, ni el escritor más galardonado, ni la chica del calltv, ni los macoquis del gran hermano, ni los zánganos de los políticos, ni la inmigrante que tengo enfrente, ni yo mismo. Como ellos, como vosotros, como yo los hay a miles, a millones enterrados.
Cuenta pendiente
La vieja me mandó llamar en cuanto supo que había vuelto.
—En cuanto le veas, dile que venga —me dijo con el tono de quien está acostumbrado a dar órdenes.
—De acuerdo, se lo diré, pero la verdad es que no para en casa.
Cuando me crucé con él por la calle, le transmití el mensaje. Su rostro arrugado permaneció imperturbable salvo por una ligera mueca del labio superior que se me asemejó a una sonrisa. ¿Qué cuentas pendientes tendrán los viejos? —me pregunté.
Al día siguiente, por la mañana, la encontraron desnuda sobre la cama con una sonrisa de satisfacción congelada, la cara vuelta hacia la ventana y la mirada prendida en el cielo de los vivos. Él volvió a desaparecer y a ella la enterraron en la tierra de los muertos.
Volare
He pasado la noche corriendo de terminal en terminal, perdiendo vuelos y bajando de aviones que no llegaban a despegar. No sé muy bien adonde quería ir: Barajas, Heathrow y Orly eran uno solo. Cuando he despertado me ha tranquilizado el hecho de que, al menos, no he perdido mi tren.
Personificación
Paro apenas un instante y miro en el interior del estanco, luego con paso firme y decidido reemprendo la marcha sintiéndome liberado de la esclavitud de sus horarios. A los estanqueros, un matrimonio cercano a la jubilación, me los cruzo frecuentemente por el barrio. Me saludan y me sonríen pero pienso que piensan en el por qué del fin de mis visitas diarias a su establecimiento. Sus rostros son amables; más que amables serviles, diría yo. Cruzarme con ellos me da fuerzas, sin embargo, por las noches, en mis sueños, se quitan las máscaras y presentan los dos una sóla faz cruel, despiadada y viciosa. Lucho con el monstruo y salgo victorioso. Le he puesto rostro a mi dependencia, la he personificado.





