Pesadilla en futuro perfecto
Triunfaron, se veía venir. Fue una victoria por cansancio. No es que su discurso entusiasmara por lo general pero la situación era tan difícil… ¿Qué alternativa había? Los convencidos de la intrínseca bondad del capital y las directrices de Roma se vieron reforzados por los desencantados. Éstos no repararon en quién era el ejemplo de virtudes de la generación de riqueza que crea empleo: el presidente de la patronal. Él y otros como él, manejaban los hilos que movían al Nuevo Lider, cuya única preocupación en los úlimos años había sido alcanzar el puesto. Han triunfado y han abolido la proección social de los trabajdores. No son necesarias -han dicho-, si los empresarios generan riqueza, hay empleo para todos… Ahora, como en el olvidado siglo XIX, como en el XX, ellos vuelven a mandar. Habrá que pagar el precio. Ahora, como en aquel entonces, sólo se puede sobrevivir dando gusto al patrono. Mi radio-desperador se dispara con los acordes de Estopa: “pican las prensa que más de un deo se han llevao…” y me despierto pensando que debo controlar mi vejiga si no quiero que desde la cabina que vigila la cadena de montaje, el encargado vuelva a llamarme meón y a descontarlo de mi nómina.
Oportunidad
El viejo del traje negro paseaba pausado por el bulebar. Se apoyaba en el brazo de un hombre vestido de igual guisa, tan similar al viejo pero tan joven, casi un niño, que parecía su caricatura.
-Estos son los momentos que hay que aprovechar -le dijo al chico al tiempo que señalaba con su baston al hombre que, apresurado pegaba carteles en las farolas.
- ¿Por qué? -preguntó el aprendiz.
- Porque están tan desesperados, tienen tanta prisa por vender que ni siquiera pueden ir a una agencia. A estos, si les aprietas, les compras por cuatro perras -le aclaró.
El joven de negro se soltó del brazo del viejo y comenzó a caminar aprisa arrancando los carteles que aquel tipo iba pegando.






